viernes, 2 de noviembre de 2007

LA HISTORIA DEL USS INDIANAPOLIS

El 16 de julio de 1945, el USS Indianápolis; barco crucero perteneciente a la armada de EE.UU; zarpó de San Francisco en un viaje a toda máquina hacia las islas Marianas. Su carga: la ‘bala’ de uranio y el mecanismo de disparo de Little Boy, primera bomba atómica de la historia.
Tras dejarla, el barco siguió hacia Guam. A medio camino, en la noche del 29 al 30 de julio, dos torpedos del submarino japonés I-58 lo hundieron en 12 minutos. De los 1.196 hombres de la tripulación, 300 murieron en el desastre. El resto tuvo que mantenerse en las frías aguas durante cuatro largísimos días.
Al principio, los hombres no estaban tan preocupados, debido a que esperaban ver aparecer al Idaho USS. Sin embargo, el mando central de la marina estadounidense no tenía conocimiento del paradero del Indianápolis. Al amanecer, comenzaron a acercarse los tiburones. Los marineros comenzaron a sentir pánico al ver estos monstruosos tiburones tigre que les acechaban y empujaban con sus morros. Cuando los gigantes de 30 pies de largo olfatearon la sangre de los heridos, comenzaron a atacarles, despedazándoles. El olor de la sangre atrajo más tiburones. Según relatos de los testigos, entre doscientos y trescientos tiburones masacraron durante horas a los desvalidos náufragos. Los aterrorizados sobrevivientes se tomaron de las manos y formaron círculos grandes para tratar de defenderse, pero los tiburones continuaron atacando el exterior de los círculos, desmembrándolos uno a uno. Flotaban pedazos de brazos y piernas por doquier. Hubo muchos que no soportaron más y, desprendiéndose de sus chalecos salvavidas, preferían ahogarse a morir descuartizados.

La masacre se extendió días, además de aumentar el número de tiburones tigre, algunos náufragos comenzaron a tomar agua salada. Esta ingestión produjo en ellos vívidas alucinaciones lo que provocó que decenas de marineros se alejaran de los grupos para ahogarse y ser devorados por los tiburones. Estos se retiraban por tres o cuatro horas, para regresar aún más feroces y emprenderla con los sobrevivientes. Muchos murieron durante los tres primeros días, de hambre y deshidratación, el resto estaba siendo cazado implacablemente y sufrir una lenta y horrible muerte. Casi 400 hombres fueron devorados por estas bestias marinas.

A las once de la mañana del cuarto día, un joven piloto -Teniente Wilbur Gwinn- al mando de un bombardero PV-1 Ventura descubrió a los náufragos en forma accidental en un patrullaje habitual en búsqueda de submarinos y así fueron rescatados los 317 sobrevivientes de esta historia tan espeluznante