lunes, 5 de octubre de 2009

El compromiso cívico

Fragmento de la entrevista dada por Mario Vargas Llosa al diario Perú 21. Fechado el 13 de julio del 2008.

Autor: Ramiro Escobar

¿Qué hay en el animal político que lo hace tan díscolo?


Hay una cierta abdicación de la libertad. La libertad es una cosa muy hermosa, pero también significa una enorme responsabilidad y un enorme vacío. Ser libre es estar tomando decisiones todo el tiempo y eso es algo que contradice profundamente una cierta condición humana. Por eso tantos seres humanos abdican y entregan a otros la facultad de tomar las decisiones fundamentales de su vida. A un dictador, a un tirano, a un caudillo. Todos los movimientos totalitarios significan eso: la abdicación del individuo ante un jefe o una inteligencia. Ese miedo a la libertad, en países como los nuestros, está profundamente arraigado.

Se abdica ante el partido, ante un líder, ante el mercado...

La doctrina liberal no admite la abdicación de la libertad. Es la asunción de la responsabilidad. Somos libres porque queremos tomar responsabilidades y no queremos que otros organicen nuestras vidas. Ahora, hay una cosa muy importante: la doctrina liberal no acepta que el mundo político ocupe toda la vida. Defiende siempre, como un derecho humano fundamental, el respeto a la soberanía individual. Que haya un espacio en mi vida en el que nadie tenga derecho a intervenir. Ni el Estado, ni la Iglesia.

Esta frase tuya, reciente, me conmovió mucho: "me enfurece el egoísmo y la ceguera de los sectores privilegiados"

Eso pasa muchísimo en los países subdesarrollados, que en gran parte lo son por ello. Han tenido unas clases dirigentes muy ciegas frente a sus responsabilidades. Tuvieron un poder que no merecían y lo usaron para construir privilegios, que marginaban a grandes mayorías dentro de sus sociedades. El resultado son países a medio hacer, como el nuestro. En el caso del Perú, hay una responsabilidad enorme de las clases dirigentes. Fueron clases que abdicaron de su responsabilidad, confiaron muchas veces la dirección del país a dictadores militares semianalfabetos, simplemente porque servían a sus intereses.

[…]

¿Nos falta entusiasmo democrático a los peruanos?
Hay que estimular a los peruanos a que asuman sus responsabilidades. Hay países que han avanzado mucho, como Chile, que por eso progresa tan rápido. Tenemos que comprometernos a actuar si es que queremos salir del pozo. Tenemos que estar movilizados, para reemplazar al gran paquidermo, que es el Estado, como el motor de la transformación y del cambio.


(la entrevista completa)

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Anexo:

Comprometerse

Vivimos quizá una época histórica en la que hemos visto cómo grandes utopías han quebrado. Ahora, se mantiene vigente más bien —como señala José Antonio Marina— una utopía sin pretensiones, que había permanecido latente, oscurecida por la prepotencia de las demás. Se trata de la utopía ingeniosa. La nueva humanidad se siente cómoda en un ambiente poco agresivo, tolerante, en el que los individuos, liberados por desligación de la influencia de los demás, se disponen a probarlo todo. Se ha abolido lo trágico y se navega con soltura en una afectividad ingeniosa: divertida, no comprometida, y devaluadora de lo real.

Nuestro siglo, que ha sido, posiblemente, el más sangriento y trágico de la historia, justifica el descrédito de la seriedad, porque en el origen de las grandes tragedias que nos han conmovido aparece siempre alguien que se tomó algo demasiado en serio, fuese la raza, la nación, el partido o el sistema. La sociedad desconfía, con razón, de todo fanatismo. Hay un valor máximo, que es la libertad, y el resto son procedimientos para conseguirla. Le cuesta admitir cualquier afirmación sostenida con vigor. Cualquier norma excesivamente definida le asusta. Busca el vagabundeo incierto, el buen humor. Odia los tonos regañones y gruñones. Una consigna tácita nos ordena no tomar nada en serio, ni siquiera a nosotros mismos. Hemos descubierto las ventajas de la anestesia afectiva, todos somos divertidos, la publicidad adopta un tono humorístico, las costumbres son desenfadadas, las modas ingeniosas. Nada se libra de la atracción de la levedad.

Es cierto que hay que reconocer grandes conquistas a esta mentalidad. Entre otras cosas, haber barrido —literalmente— a toda una fauna de personajes bastante ridículos y prepotentes. Hay que reconocerlo y agradecerles sus servicios.

Sin embargo, es fácil comprobar que esa actitud de levedad produce frutos ambivalentes: pretende fortalecer el Yo, y acaba, sin embargo, propugnando un Yo débil, fluido e insolidario; en vez de exaltar la creatividad, que es lo que pretendía, engendra un sujeto errático y pasivo.

La huida de la realidad convierte al hombre en simple espectador de su vida. El rechazo del compromiso abre paso a una espontaneidad aleatoria, gracias a la cual el hombre es lo que le da la gana, es decir, lo que se le ocurre, es decir, una ocurrencia imprevisible. Las equivalencias impiden la elección, porque aunque hay abundantes solicitaciones, todas son equiparables y de carácter efímero.

Eludir el compromiso es eludir la realidad. Es ineludible comprometerse porque la vida está llena de compromisos: compromisos en el plano familiar, en el profesional, en el social, en el afectivo, en el jurídico y en muchos más. La vida es optar y adquirir vínculos: quien pretenda almacenar intacta su capacidad de optar, no es libre: es un prisionero de su indecisión.

Saint-Exupéry dijo que la valía de una persona puede medirse por el número y calidad de sus vínculos. Por eso, aunque todo compromiso en algún momento de la vida resulta costoso y difícil de llevar, perder el miedo al compromiso es el único modo de evitar que sea la indecisión quien acabe por comprometernos. Quien jamás ha sentido el tirón que supone la libertad de atarse, no intuye siquiera la profunda naturaleza de la libertad.

(tomado de interrogantes.net)

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Links relacionados:

Los méritos del compromiso civil

Compromiso civil

Rescate liberal de Ortega y Gasset

Liberalismo, neocoms e intervencionismo

La importancia del compromiso

Carácter, libertad y compromiso

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Imagen: italoeducaricaturas.blogspot.com

martes, 22 de septiembre de 2009

Por qué no soy cristiano (fragmento)

Lo que debemos hacer

Tenemos que mantenernos de pie y mirar al mundo a la cara: sus cosas buenas, sus cosas malas, sus bellezas y sus fealdades; ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él. Conquistarlo mediante la inteligencia y no sólo sometiéndose al terror que emana de él. Todo el concepto de Dios es un concepto derivado del antiguo despotismo oriental. Es un concepto indigno de los hombres libres. Cuando se oye en la iglesia a la gente humillarse y proclamarse miserables pecadores, etc., parece algo despreciable e indigno de seres humanos que se respetan. Debemos mantenernos de pie y mirar al mundo a la cara. Tenemos que hacer el mundo lo mejor posible, y si no es tan bueno como deseamos, después de todo será mejor que lo que esos otros han hecho de él en todos estos siglos. Un mundo bueno necesita conocimiento, bondad y valor; no necesita el pesaroso anhelo del pasado, ni el aherrojamiento de la inteligencia libre mediante las palabras proferidas hace mucho por hombres ignorantes. Necesita un criterio sin temor y una inteligencia libre. Necesita la esperanza del futuro, no el mirar hacia un pasado muerto, que confiamos será superado por el futuro que nuestra inteligencia puede crear.

Bertrand Russell - Por Que No Soy Cristiano



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Link afin:

La paradoja del barbero